
Un estímulo supernormal o súper-estímulo, es una versión exagerada de un estímulo para el que ya existe una tendencia de respuesta en nuestro cerebro, o que produce una respuesta más fuerte en nuestro sistema de recompensa que la que produce el estímulo para el que evolucionó este sistema. Este tipo de estímulo generalmente posee de manera exagerada atributos que son clave en la respuesta que nos genera en el cerebro, como lo sería por ejemplo el azúcar en los alimentos artificiales, el color y brillo de una fruta en un comercial, o las proporciones de un/a modelo de ropa que han sido modificadas por cirugía estética.
Estos son diferentes ejemplos en los que podemos encontrar súper-estímulos en la actualidad:
-Alimentos artificiales; al ver alimentos que artificialmente contienen enormes cantidades de grasas o azúcares, de forma que no existen de manera natural, sentimos grandes antojos (la dopamina actuando en nuestro cerebro) y muchas ganas de consumirlos ya que nuestro cerebro interpreta que es algo que podría ser muy importante para nuestra supervivencia. Esto nos puede llevar a consumir calorías en exceso, produciendo problemas como la obesidad.

-Pornografía y cirugías estéticas; por todo lo anterior podemos entender que la pornografía es un súper-estímulo, ya que explota estos mecanismos de nuestro cerebro al ofrecernos una cantidad prácticamente ilimitada de “posibles parejas”. Se ha visto que éste contenido puede ser adictivo, incluso generando problemas en la vida sexual con una pareja real, como han mostrado varios estudios. En cuanto a las cirugías estéticas, las características visuales son las que generalmente se alteran y exageran con las cirugías estéticas, de manera tal que un cuerpo alterado de esta forma (con estas características que pasaron a ser un súper-estímulo), en principio, produciría una mayor respuesta por parte de nuestro sistema de recompensa.

–Relaciones sociales; las redes sociales son un súper-estímulo en este caso, por la cantidad de información a la que podemos acceder del resto, pero más importante, por la posible validación y posicionamiento que podemos recibir de otras personas. De ésta manera, nuestro cerebro interpreta nuestra participación en estas redes como algo valioso, además de tener dificultades al momento de diferenciar un elogio o invalidación que se recibe de manera virtual con uno que se recibe en persona.
